Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA

Las estrellas titilaban el cielo y el aire sostenía la verde respiración de una selva cercana.

– Hemos llegado – susurró Gonzalo, el joven grumete de la SANTA MARIA – Hemos llegado al Asia, a las tierras del Gran Khan, al país de las casas con tejados de oro…

– Así es, Gonzalo – respondió Cristóbal Colón, cuyos ojos de visionario querían horadar las sombras de la noche para ver el mundo recién descubierto.

Las tres carabelas de la expedición se mecían en el Atlántico. Por primera vez aquellas aguas que  solo conocían la primitiva quilla de las piraguas indias, rosaban el maderamen de barcos hermosos y fuertes.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 8

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 8

En los oídos de Colón rumoraban los mágicos nombres de Ofir, donde Salomón envió a buscar oro porque allí ese metal se esparcía como la arena: Cipango (Japón) y Catay (China)… países de leyenda visitados por Marco Polo. De ellos provenían las especies, los brillantes, las perlas.

Las horas transcurrieron lentas, hasta que el radiante amanecer de los trópicos diluyó las tinieblas de la noche.

– ¡ahora veremos las tierras del Oriente! – exclamó Gonzalo impulsivamente

Pero tanto él, como los demás tripulantes de las naves y hasta el propio Colón, se sintieron desilusionados al distinguir una isla baja y poco arbolada, una pobre Islilla.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 1

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 1

Era esa isla una de las Lucayas, y en la costa, un grupo de seres desnudos miraban atónitos grandes barcas.

– Este es sólo el principio del mundo maravilloso que nos espera más adelante – pronosticó el grumete, con inquebrantable fé.

Así también opinaba el capitán de la “SANTA MARIA’* que vistiendo su uniforme de gala y empuñando la bandera real de España, se embarcó en un bote para dirigirse a tierra. Los hermanos Pinzón, que comandaban las otras naves, le imitaron enarbolando banderas con cruces verdes, que llevaban grabadas las letras “F” e “I”, con una corona sobre cada una de ellas. Eran las banderas de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.

Al llegar a la playa, los tres capitanes hicieron flamear sus enseñas y Cristóbal Colón pronunció: “En nombre de sus Majestades Fernando e Isabel tomo posesión de este territorio para la corona de España y la denominamos isla de San Salvador”.

Rodríguez de Escobedo, escribano de Ia armada y Rodríguez Sánchez de Segovia, corroboraron la toma de aquellas tierras que se agregaban al reino castellano.

Los indígenas miraban boquiabiertos a los extranjeros, a quienes creían dioses, No se mostraron hostiles y dieron a los españoles el poco oro que poseían a cambio de cascabeles y clavos. También les ofrecieron papagayos, algodón en grandes ovillos y comida.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 2

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 2

El grumete Gonzalo se sintió cautivado por la sencillez y bondad de los nativos.

– Pero les abandonaremos pronto – deducía el sagaz mozuelo – Aquí no hay oro ni riquezas, ni vestigios del Gran Khan y de los mercaderes asiáticos. Sería divertido que hubiésemos venido a caer en una tierra incivilizada, donde no se conocen ni de oídas Catay y Cipango,

Como se sabe ahora, esta deducción era acertadísima, pues Cristóbal Colón no arribó al Asia, como pensaba, sino que descubrió un nuevo mundo, al que más tarde se dio el nombre de América. Debió llamarse Colombia, en homenaje a su descubridor; pero por equivocación o injusticia de los cartógrafos de aquel tiempo el continente recibió el nombre de América, en tributo al navegante Florentino Américo Vespucio.

– Aquí no hay oro, vámonos – decían los marinos y el almirante dio orden de embarcar.

Durante catorce días recorrió las numerosas islas que forman el archipiélago de las Lucayas, buscando el continente asiático.

Por fin, con un cargamento de papagayos de brillantes colores, pues cada marinero llevaba por lo menos dos o tres, la expedición partió el 28 de octubre en dirección a Cuba, anclando en el actual puerto de jibara. Tampoco allí se encontraron rastros del Gran Khan y mucho menos la huella iluminada del oro.

– Aquí no hay oro – repetían los tripulantes. Pero Cristóbal Colón descubría en la isla una belleza natural más valiosa que el oro. Jamás había visto panoramas tan bellos ni mirajes de tal hechicería como los de Cuba. En su diario el gran navegante la llamó el Paraíso Terrenal.

La marinería saltó a tierra. Los nativos le recibieron con desconfianza, pero cuando los indios que Colón llevaba a bordo les convencieron de que los hombres blancos eran buenos, les hicieron dádivas de comida, algodón, papagayos y tabaco.

– Mira, qué raro – dijo un español, señalando a un indio que sostenía entre sus labios un negro tizón; lo succionaba y luego hacía brotar de su boca un humo azul fragante.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 3

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 3

– ¿Será magia?

– preguntaba otro marinero – ¡Voto a tal! esto es cosa del infierno. Y, mira, no estés ofreciendo unos tizones para que nosotros también le demos una chupada. Yo no lo acepto. – Pues, yo sí – terció un audaz. – ¡Por qué he de tener miedo? –

Cogió uno de aquellos tizones hechos de hojas enrolladas, lo encendió, y a costa de un gran mareo aprendió a fumar. Otros compañeros no pudieron resistir el ejemplo y también fumaron los “tizones”, es decir, los cigarros.

Conocían en ese instante una gran riqueza; pero ni Colón ni ninguno de los suyos lo sospecharon.

Gonzalo reía a carcajadas de sus amigos, mareados por el tabaco.

El 21 de noviembre los tres barcos del almirante se alejaron de las costas de Juana, que así habían bautizado Colón a Cuba en honor del príncipe Juan, hijo de los Reyes.

Poco tiempo después Colón arribó a la Española, isla llamada Babeque por los indígenas. El rey Guacanagarí acudió a entrevistarse con el Almirante. Uno de los indios de San Salvador les sirvió de intérprete.

Guacanagarí era un indígena gallardo y altivo. Su cuerpo bronceado poseía la belleza y la fuerza de un titán. En sus ojos fulgía la inteligencia como una luz Inextinguible.

Observó que los hombres blancos no eran dioses, sino seres humanos y quizás débiles como sus propios vasallos.

– Puedo someterlos bajo mi dominio – dijo soberbio.

El intérprete lo miró alarmado, advirtiendo: – No, gran rey. Ellos tienen armas poderosas y, además, son astutos como la serpiente – .

Guacanagarí pudo convencerse de esto; renunció a sus deseos de dominación e invitó:

– Diles que vengan a comer a mi poblado. Les trataré con bondad -.

Colón y sus hombres aceptaron la invitación y departieron amigablemente con los nativos.

Al llegar la noche Guacanagarí insistió en que durmieran en la aldea, pero Colón se negó a ello.

– Agradezco su gentileza al rey Guacanagarí, pero debemos regresar a nuestras naves, declaró con firmeza el Almirante.

Al llegar a la ensenada Gonzalo gritó: – ¡Almirante! la “SANTA MARIA” ha encallado.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 4

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 4

En efecto, el barco estaba embancado en unos bajos que a causa de la calma reinante fueron avistados. Todos los esfuerzos por salvar el buque resultaron vanos.

– Es inútil – murmuró Colón -. Sólo nos resta poner en seguridad las mercaderías que están a bordo. Con los restos de la nave edificaremos un fuerte en la isla.

– No hay otra alternativa, comentó el grumete Gonzalo. – Sólo quedan dos naves y toda la marinería no tenemos cabida en ellas. Deberá quedar un grupo en tierra, mientras los demás regresan a España.

– ¿Te quedarías tú Gonzalo?, preguntó Colón. Si almirante, si lo ordenáis.

– Después seleccionaré a los hombres que deben permanecer aquí. Por ahora preocupémonos de que la fortaleza se construya sólidamente. Los nativos son pacíficos, pero siempre conviene adoptar precauciones.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 5

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 5

La tribu del rey Guacanagarí ayudó en la edificación del fuerte.

A bordo de la “NIÑA”, el navegante meditaba en el gran riesgo que afrontarían los españoles guarecidos en la fortaleza.

– Debo dar a los indios una demostración de que somos poderosos y de que seremos implacables si se infiere cualquier ofensa a nuestros compatriotas, determinó Colón.

Llamando a uno de sus oficiales, añadió:

– Haz que venga a bordo Guacanagarí.

El cacique indígena acudió y entonces Cristóbal Colón hizo disparar delante de él una hombrada y una espingarda. Al oír el estruendo, el rey moreno se arrodilló a los pies del genovés, jurándole que sería siempre leal e inalterable amigo de los hispanos en sus dominios.

A fines de diciembre se terminó la fortaleza, cuya mayor defensa la constituía una de las lombardas, arma que se disparó varias veces para demostrar a los indios el terrible efecto de las balas de piedra despedidas por la rudimentaria pieza de artillería.

Como jefe del fuerte se designó a Diego de Arana. Este primer baluarte español en América se bautizó con el nombre de Navidad.

El Almirante se despidió con tristeza de sus compañeros, quizá presintiendo el trágico fin que les aguardaba, pues más tarde todos ellos y la tribu del leal Guacanagarí perecieron a manos de Caonabo el más belicoso y fiero de los reyezuelos de la Española.

Con los ojos ensombrecidos por un cruel presentimiento y el pálido rostro alterado por la emoción, el glorioso navegante estrechó en un abrazo a los hombres que quedaban en América y retuvo por más tiempo a Gonzalo, el juvenil grumete, que le dijo:    ^

– Adiós, Almirante. No os preocupéis. Guacanagarí es fiel, nosotros tenemos confianza en vuestro regreso y nos sentimos felices en esta bella isla, uno de los tantos paraísos terrenales que habéis descubierto para los reyes de España, id tranquilo señor, y que recibáis en mi patria todos los honores que merecéis por vuestra sublime proeza, por vuestro valeroso viaje.

Colón estrechó la mano del noble mozo y dio orden de embarcarse. Lentamente se alejaron la “PINTA” y la “NIÑA”, llevando a España noticias de que se había descubierto una nueva ruta en el mar. Como testimonio de su arribo a una tierra maravillosa las naves portaban papagayos blancos, azules, amarillos, rojos, peces cogidos en los mares de las Antillas y conservados en sal, acuñaditos de oro, grandes montañas de algodón y también indígenas de piel cobriza, envueltos en sus mantas de algodón hilado. La fecha del descubrimiento de América, 12 de octubre de 1492, quedaba grabada con letras imperecederas en la historia, junto con el nombre del genial navegante Cristóbal Colón. Los reyes Isabel y Fernando esperaban al descubridor bajo un solio, cerca de la catedral.

Cristóbal Colón alcanzaba la gloria, pero su corazón temblaba de inquietud y angustia.

– Debo regresar – se repetía angustiado. Los hombres del Fuerte Navidad están en peligro.

Empezó a preparar su segundo viaje, y el 25 de Setiembre de 1493 diecisiete naves partían del puerto de Cádiz con más de mil quinientos tripulantes.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 6

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 6

Los barcos no sólo llevaban guerreros, sino también colonizadores. Junto a los barriles de pólvora habían otros llenos de semillas de cereales, de limoneros, naranjos, caña de azúcar. Al lado de la espada iban el azadón y la pala. Con el caballo de guerra, se transportaban el buey y la vaca. Junto al fiero mastín de los montes de Andalucía, que, en caso necesario, debían sembrar el terror y la muerte entre los indios, piaban las aves de corral y se agitaban los cerdos y las cabras.

Cuando Cristóbal Colón arribó a la “Española”, una densa niebla cubría aquellas costas.

– No se distingue el fuerte Navidad – susurró el Almirante – Disparad falconetes y bombardas. Tal vez obtengamos respuesta-.

Pero al estallido de esas armas ningún eco respondió.

Pasaron lentas y terribles las horas de la noche. Cristóbal Colón, obligado a esperar el alba, fijaba la sombría mirada en las jarcias y velamen de su barco. Le parecía distinguir entre ellas la silueta ágil y esbelta de Gonzalo, su grumete.

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA - 7

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA – 7

Cuando el Sol elevó su disco sobre el verde filo del mar se lanzó una canoa al agua y un grupo de exploradores partió hacia tierra. Horas más tarde regresaban a la nave, y Colón les interrogó ansiosamente: – ¿Qué noticias traéis? – Muy malas Almirante. Del Fuerte Navidad sólo quedan unos maderos quemados. De sus defensores, nada – respondieron los marineros -, Hay algunos cuerpos que no hemos podido identificar. El poblado del cacique Guacanagarí también está destruido por el fuego.

Nunca había parecido tan pálido el rostro del gran Almirante. Después habló con lentitud:

– Empiezan a acudir a la playa algunos nativos. Iré con vosotros a tierra y sabremos qué sucedió -.

La canoa repitió el viaje a la costa, y un intérprete tradujo a Colón la declaración de un indígena alto, de mirada adusta:

– El rey Guacanagarí y los hombres blancos que eran sus amigos perecieron a manos de Caonabo. La aldea y la fortaleza fueron asaltadas y no se salvó uno solo de sus habitantes. Nosotros pertenecemos a otra tribu, y nunca diremos dónde está Caonabo porque tememos su venganza.

Efectivamente, jamás lograron los españoles dar caza a Caonabo, a quien protegía su siniestra fama, y Gonzalo no pudo ser vengado. La muerte de este grumete, humilde mozuelo que no figura en la historia, significó para Cristóbal Colón uno de los dolores que debió sufrir a cambio de la gloria.

 

Los viajes de CRISTOBAL COLON descubridor de AMERICA